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Jueves, 22 de febrero de 2007
Quien me otorgó esta condena del crepúsculo infinito, con sus oxidados colores de barro, con sus soles vencidos y fatigados.
Que destino ingrato me soñó testigo perpetuo de la vigilia del mundo, de los pájaros cansados y fantasmales nubes púrpuras de sangre.
¡El Amanecido! Gritan por las calles oscuras nocturnos habitantes.
¡El Amanecido! Se ríen las ojeras monstruosas de prostitutas gastadas de tanta piel; los serenos con sus bicicletas me esquivan sin ni siquiera mirarme; ¡El amanecido! Se sorprende algún canillita extraviado con los ojos del sueño truncado.
Y ellos ríen iluminados de febo, y puedo presentir en el reflejo de sus ojos al amarillo astro vestido de lucero.
¿No ven acaso un mundo detrás del espejo?
¿No ven que mis imaginados amaneceres les pertenecen?
Los usa de telón el mundo a mis extasiadas albas, a mis rojizos salientes.
¡El Amanecido! Gritan mis amigos los murciélagos
El amanecido graznan oscuras golondrinas que mutan en cuervos.
Y si acaso un día mi amanecer de sueños se pinta de sexo?
El macho sol penetra a la tierra erizando los pastizales verdes de su piel.
Y si acaso un día el alba soñada se llena de versos?
O si acaso un día la armonía deseada exhala de mi cuerpo?
Con los pinceles del anhelo le invento colores a mis añorados principios, para incendiar auroras, para congelar comienzos.
Y entre las luminarias del hombre, la mutable dama me tiende los brazos
Y en el susurro de la luna los deseo reales.
Y cuando sueño dormido los fabrico de retazos de crepúsculos invertidos.
¡El Amanecido! Se mofan los espejos del agua vestidos de noche.
Pero cuando me consuma la gran noche, se asesina el mundo y mis albas insistentes.
¡El Amanecido! Se lamentarán oscuras figuras sangrando sombras por claridad.
Y en la eterna oscuridad, la luna llorara estrellas.
Por: Jerek | Cuentos | Comentarios (0) | Referencias (0)