Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Domingo, 10 de diciembre de 2006
Polvareda tumultuosa de nubes citadinas confundiéndose con el asfalto metálico de las conglomeraciones multitudinarias. Masa uniforme formada por millones de brazos y piernas. Grotesca esfera acéfala, animal inconscientemente gongomaniatico repleto de paisajes anti-eglogianos, articulado de sueños, de represiones e indiferencia.
Volcán vivo que por sus poros derrama gente y más gente bajo el sol despótico que los abraza con sus inmensas llamas hirvientes. El sudor del amontonamiento, el calor inhumano que hace difícil el respirar, el ruido constante del tráfico infinito e incansable del centro de la ciudad, todo se junta en una pecera llena de agua hirviendo, donde el horizonte parece derretido en sus ondulaciones ilusorias. Los coches vomitan bocinazos indiscriminados mientras todos los pies caminan entreverando ruidos en un ensalada ensordecedora que apaga el grito de cualquier individuo.
El calor saca de sus madrigueras a todos los tipos de pescados existentes, la ciudad fálica se inunda de vida. Las féminas etéreas y las terrenales, las pecadoras, las pescadoras, las chicas de flores, que se agarran de los brazos para que sus sexos no caigan en las veredas, la jovencita y la vieja que se entristecen porque algún albañil sudoroso no les dedica un mini-poema callejero, algo así como, “que jaula pami canario”.
Los hombres que se sienten importantes, los importados, los que se sienten únicos y van siendo únicos con un millar más de pescados, esta el negociante y el negociado, la victima y sus victimarios. Nunca faltan también los mirones tímidos y lo mirones desvergonzados, están los extraños de pelo largo y los pelados simpáticos, los comerciantes que venden cosas inimaginables gritando a los cuatro vientos sus pregones, los ciegos que ven y los sordos que escuchan. Todos conviven en esa feria infernal. Y entre tanto caos rutinario en el que se ahogan los sueños e ilusiones, pasa un insecto de acero a toda velocidad paseando en su lomo a otro pescado más . Sus ojos efímeros esquivan semáforos y peatones, autos y cordones. Y entre un millar de caderas y hombros femeninos su vista por un momento se detiene en la gran batalla, en el épico enfrentamiento de todos los tiempos, pero no tiene sentido algo que no se siente así que el insecto metálico se dispara como una saeta hacia otros lares con más caderas y más contoneo.
Mientras que de una jauría jurásica cuadrúpeda y asesina surge pesando 5 kl el gran canino de los alrededores, Zarnaldo !!!. Can cíclope considerado inmortal para sus congéneres, semidiós de varios cachorros huérfanos, émulo braddpittiano perruno para todas las caninas en celos de los inmediaciones. Se rasca lo poco que le queda de oreja izquierda y el olfato le alerta de alimento en las proximidades del futuro ring. Su ojo busca entre las piernas de los transeúntes ausentes, se hace de agua entre el calor de cemento, se evapora esquivando patadas indiferentes concentrado en un solo objetivo, alimentarse. Y allí, entre ese desierto moderno el hueso blanco refleja los ojos del sol. Totalmente inocente, en el centro de la vereda, un pedazote de hueso vacuno perdido, restos de grasa y carne que surgen como helechos desde la misma blancura huesuda. Aunque Zarnaldo no sabe cuando nació, se dice: feliz cumpleaños chabón.
Pero ojo, el numen nunca regala nada sin esfuerzo, y a 7,5 pasos de ese oasis de carne, Zarnaldo ya se relame sin advertir hasta ese momento a su contrincante.
Desde la pared de personas del frente surge como héroe y se levanta como sombra terrible, el gran Goliat citadino, el de las espaldas de bronce, el Nippur Tucumano. Niño escuálido terror de viejas distraídas y de verduleros fanfarrones, changuito mezcla entre barro eterno pegado a su cuerpecito y cabecita negra. Morochito carterista, ladrón de dulces y billeteras. Pesando 35 kl…taratatan… Dani !!!!! Conocido mejor en la villa con el nombre clave de Zancudo, famoso por la infatigable puntería de su honda que no deja canario sin jaula.
De virulana la cabeza, ha posado sus poderosos ojos en el mismo hueso que Zarnaldo. Ahora, los dos contemplan y son parte de una escena de vaqueros. Un pueblo repletamente desértico les hace de escenario. Zarnaldo y Zancudo se preparan para la batalla de sus vidas a pesar de ser esta, la de todos los días.
Entonces en un santiamén, en un cerrar y abrir de ojos comienza el gran y tan esperado conflicto. Lease tambien, hecatombe, kenko, quilombo, pandemonium, gresca, etc, etc.
Zancudo inaugura la grandilocuente épica moderna con un patadón inesperado dirigido al salvaje pichicho que inmaterial como el olvido esquiva el violento golpe, junta toda su furia y brinca sediento de sangre buscando la delgada yugular del bípedo.
Si las mechas de Dani no fueran casi roca, su cabello se abría movido contra el viento al esquivar la mordida zarnáldica. De repentemente su contrataque mortal anti-canino no se hace esperar y con sus patas supra-perrunas agarra las manos infra-humanas del peludo enemigo, Zarnaldo da infinitas vueltas en el aire y cae de lomo contra el hirviente pavimento. Se escucha un aullido cortado entre los bocinazos de los autos y puteadas remiséricas, pero no hay tiempo de lamentarse en medio de la supervivencia así que, mientras Zancudo distraído corre hacía la comida prometida, los colmillos del perro se hacen uno con el culo del muchacho, que dando un salto casi inhumanos se soba allí donde la bella espalda pierde su honorable nombre. Al caer el Dani en el sartén del suelo, el can aprovecha la desventaja de su contrincante para morderlo mientras este está indefenso. Pero el pibe conoce bien las vueltas de la vida y utiliza la gran ventaja de los humanos sobre todo los animales, la gran estratagema del bicho bolita , la cual es realizada en un pestañeo. De esta manera las mordidas del perro son casi indoloras y para nada mortales. Dani aprovecha una distracción cuadrúpeda y con sus dientes al ras del suelo acomete contra una de las patas del pichicho, se prende de ella como una garrapata más en el cuerpo de Zarnaldo, pero el perro, en vez de aullar de dolor aguanta sus ganas apresando uno de los pies malolientes del bípedo. Así los dos se sacuden y muerden al unísono, echando espuma de las fauces al mismo tiempo que gruñen en un lenguaje inteligible.
Haya a lo lejos la Helena huesuda espera a su victorioso dueño, mirando de reojo la inmensa pelea que queda paralizada en la mordida infinita de los dos seres.
Zancudo, cansado mandibularmente suelta la canilla perruna dejándole una sabor a alfombra vieja y mojada en el paladar. Aguantando el dolor de su pie todavía presa de la furia del can y midiendo de una manera milimétrica lanza con un último esfuerzo un tincazo salvador que cae justo en el único ojo vigente de Zarnaldo, este suelta la pata de su oponente quedando con un sabor a tierra y barro en su boca. El can corre desesperado hacia el hueso utilizando la energía final de su fatigado cuerpo, pero el muchacho aprovecha la distancia para sacar su legendaria honda de su bolsillo y con una minúscula piedra certera le atina al perro justo en medio del hocico cuando ya lograba saborear con su lengua el esquivo hueso. La cuadrúpeda derrota es inminente y necesaria para recuperarse de esta batalla descomunal. Zarnaldo y su hinchada se alejan para seguir olfateando rincones donde pueda haber algo que masticar.
Zancudo, victorioso y aliviado, levanta su premio sintiendo las consecuencias de la lucha, lo abraza, lo estruja y lo muerde tranquilo por que esa noche va haber sopa de puchero en el comedor.
La pecera citadina se aleja mientras sus ruidos se convierten en murmullos. De arriba se ven pequeñas hormigas egoístas y edificios aplanados que no son nada junto al caluroso sol. Los pescados, mientras tanto, siguen nadando alrededor con sus 3 segundos de memoria.
----------------------------
Por: Jerek | Cuentos | Comentarios (0) | Referencias (0)