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Lunes, 14 de agosto de 2006
El aletear del tiempo me enseño que los sabores que se derriten en la boca de uno una vez que se los ama son los que luego edificarán los portales de los espejos más cruentos, los más insomnes. El silencio posterior al nacer se acomoda sutilmente en los rincones navegables de nuestra voz, seduciendo las vacíos del canto, digitados por nuestros cuerpos.
La mañana trae consigo un perfume a ratas muertas dejando que nuestros miedos se iluminen el gran color de las dudas. No obstante los ojos se retuercen en un saludo de pieles, acróstico, limpiando el pantano de la memoria que anida felíz en las luces de nuestros pétalos oscuros.
La tarde nos escupe en la cara que ella mató a las ratas, aunque éstas no recuerdan si aquella las asesinó o si fueron ellas quienes cometieron el crimen invertido de dejarse creer asesinadas. El filo saborea la sangre. Su silueta se escurre entre dientes saboteando las finados rencores prematuros, los ocasos se aventuran a ofrecernos una sonrisa bondadosa clareando los hematomas del día.
La noche nos devela que el crimen fue doblemente cometido ya que mientras la tarde devoraba a las ratas, éstas a su vez devoraban a la tarde jugando a no reir mientras todos éstos nacían. La noche nos desvelaba mientras terminaba de digerir los pocos restos que le quedaban al día y a las ratas.
Por: AstorBoy | Cuentos | Comentarios (2) | Referencias (0)
Desde la otra parte del charco un saludo a los sesudos filósofos. Un escrito curioso, muy barroco, lleno de imágenes hiper-realistas. Volveré en otra ocasión, siempre es bueno aprender de la sabiduría
Carmen | 25-08-2006 12:34:40
gracias por lo de sesudo filósofo, esperamos una nueva visita tuya y mejor si dejás una casilla para mensajearnos filosóficamente
astorboy | 28-08-2006 15:35:43