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ATARAXIA

Viernes, 23 de junio de 2006

Un cuadro

Un cuadro: Un enorme animal abatido por las lanzas del ocaso. Trata de hacerse horizonte, un escudo el del olvido. El destino se lo niega y se extingue trastabillando en dos míseras dimensiones.
El ciego lo mira con repugnancia, lo toca, lo palpa, lo manosea. Escucha los comentarios de la urbe: fantástica la elección de colores, como ha capturado el ultimo movimiento de la bestia, ¡que fabuloso horizonte!, etc, etc, y tantos y repugnantes y tan nimios etc que no vale la pena transcribir. El ciego y su retorno eterno al deseo de ver, de juzgar, de colorear e imaginar con los ojos; esos orificios ornamentales, esas ventanas tapeadas a tanta alma. El ciego frente a la enorme bestia abatida cree sentir que una lágrima a crecido de sus poros pero antes de arrepentirse escucha la voz de una niña blanca (la siente blanca, como lo fue su madre) que le dice a lo invisible: pobre perrito papá, se esta muriendo. El ciego sigue el camino oscuro de su vida, sin ver, mira, y en ese ocaso asesino de bestias mitológicas solo ve teorías pictóricas y manuales sobre pintores famosos. Hubiera querido sentir, solo palpa, solo manosea.

Por: Jerek | Cuentos | Comentarios (0) | Referencias (0)

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