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Martes, 07 de marzo de 2006
En los comienzos,
un milagro inverosimil
confisco tus huesos
la lupanárica noche
se cerró en tus brazos
hambrientos de sudor
y de espinas sangrantes
que tu frente celeste
elevó a las nubes tardías.
Solo quedó la piedra,
la engañosa moneda,
tu dedo en la densa arena
y tu tierra lloviznada de almas...
Por: WestBoy | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)