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Miércoles, 01 de febrero de 2006
Tópico trillado y mal gastado como el del “eterno retorno” fueron los móviles y espacios para exponer las teorías de muchos filósofos y escritores a veces sin llegar a una efectiva y afirmativa comprensión o planteamiento de este, el cual consiste basicamente (y muy resumido) en afirmar que la historia se repite cada determinada cantidad de tiempo (no de una manera idéntica según algunos), pero es una de perlas de la literatura universal que uno nunca debe dejar de revisar, y replantear, ya que está presente (o mejor dicho subyacente) en las mitologías que hicieron a las culturas, grandes y trascendentes, y que van desde los antiguos en la India, en Sumeria, en el misterioso Egipto, luego más tarde en la magna y sapiente Grecia, en la Roma guerrera, en el México exótico, en el Perú desaforado.
Tanto en el lejano oriente como en el egocéntrico occidente se creyó y se cree que las reglas de este mundo (si es que no hay otros) son las mismas que las un juego infinito y cíclico. Para comenzar (o al menos intentar) dilucidar esta maraña de obstáculos mentales quiero remarcar que “casualmente” (leánse las comillas como ironía) ambas palabras se forman de manera un tanto caprichosa (si se me permite el adjetivo) con cuatro letras (e-n-r-t-o) que vuelven a perseguirnos, como si el agente de este acróstico malicioso, de esta encrucijada metafísica fuera un dios, o un genio, o una mente ingeniosa que hubiera estado jugando con los probables sentidos del resultado de una combinación majestuosa de estas cuatro letras para llegar al de estos dos conceptos para luego complejizarlo más en lo que hoy es la esencia brillante del tópico que “eternamente” quiere volver sobre la humanidad. Esta metáfora está intrinsecamente relacionada con las parábolas eleáticas debido a que los relatos pensados en Eléa niegan el cambio tanto del tiempo como del espacio, recordemos las dos más insignes: la de Aquiles y la tortuga, y la de la flecha que nunca alcanza su blanco. Estas parábolas fueron atribuidas por Aristóteles a Zenón de Eléa, discípulo de Parménides, uno de los grandes negadores del movimiento de la antiguedad clásica. En el caso de oriente invoquemos al Budismo en el que se plantea que es necesaria una serie de reencarnaciones con las cuales el sujeto debe depurar su alma, hasta liberarla, y alcanzar el nirvana. Y si ésta no alcanzó la pureza ansiada en la vida en la cual reencarnó seguirá atravezando este proceso que puede extenderse a la misma cantidad de granos de arena en un desierto, una verdadera eternidad. Por eso es de resaltar que esta joya de la filosofía (un retorno que esquiva al cambio y propone una especie de destino inamovible) y de la literatura se dio tanto en culturas tanto de un lado como del otro del orbe. Pero también como ya sugerí antes, se encuentra relacionada a la creencia de una predestinación en la cual yace impícita un aval del no-cambio, el ejemplo más claro es el de los Aztecas, que esperaban el “retorno” de su dios guerrero Quetzalcoatl, al cual confundieron con el ambicioso Cortés, por cuestiones ajenas a la voluntad del español.
Como ya dijimos esta perla filisófica-literaria se justifica en la cadena cíclica de repeticiones de hechos y personas (o mejor dicho personalidades). Metáforas que avalan este fenómeno son el día y la noche, donde sus actores más destacados son el sol y la luna. Cumplido un determinado ciclo, el sol se esconde (¿de quién? vaya uno a saber) religiosamente todos los días dejando lugar a la noche comandada por la luna que despliega su cuerpo por un ya acordado lapso de tiempo, y luego de agonizar deja su trono retornando el cetro a su fiel antagonista, el sol, y de la misma forma y con el mismo entusiasmo vuelve ha presidirnos todos los días y los años. Así de este modo vuelve a suceder todo religiosamente.
El concepto de tiempo es el que introduce la noción de circularidad (forma convencional creada por el hombre para llenar esos huecos de misterio que tanto lo sofocan, de ahí que la forma del reloj tradicional sea circular, un circulo que simboliza lo infinito, lo inalcanzable de la incesante búsqueda del hombre), se habla de tiempo cíclico porque luego de un determinado ciclo los sucesos (si es que podemos denominarlos así) se vuelven repetir junto con los patrones de medida, de una manera particular, un ejemplo claro de esto es el calendario cristiano, todos los años el salvador Jesús vuelve a morir para Pascuas, todos las años éste resucita para seguir dándole en qué creer a su pueblo (muchos plantearon que sería interesante pensar que pasaría si un día esto no sucediese, ¿en qué creerían?).
El hecho de mantener en vigencia una doctrina basada en la repetición idéntica de los hechos año tras año sólo puede justificarse por una simple razón: la de no querer un cambio y por lo tanto evitarlo. Esto tiene una clara y bien definida postura ideológica, que consiste en mantener el orden social, la religión, el gobierno, el reino, en resumen, el aparato intelectual creado para detentar el poder de un determinado sector con intereses muy claros en cualquier sociedad tanto del oriente como del occidente, tanto en la antiguedad como en nuestros días. La historia no es algo indeleble por lo tanto no es necesario que haya un retorno y muchos menos debe ser eterno, siempre se puede hacer una o varias modificaciones, siempre se vuelve a escribir la historia de una manera “diferente”, queramos o no, siempre es necesario escribirla de nuevo para intentar tener un poco más objetividad, de igualdad, de hecho, cada tanto se hace una nueva lectura de los hechos quitando, olvidando o escamoteando ciertos sucesos, según los ojos del gobierno o en su defecto del historiador, pero no nos olvidemos que a la historia también la tejen los campesinos, los obreros, los desamparados; en definitiva los marginados. A estas otras formas de registro se las recoje a través de la arqueología, cuando una sociedad “x” desapareció, y se lo ve como un fenómeno histórico, tenemos que pensar otras formas de incluir en la escritura de la historia a esos sectores marginados,no nos olvidemos de revisar esto.
A lo largo de la historia se disputaron diversos intereses, generalmente el de los “monarcas” del mundo, en las diferentes partes de este. Un entramado de mentiras, ocultamientos, traiciones y manipulación despiadada de información, recordemos que la información es una de las fuentes de poder más codiciadas, (permítome la redundancia, ya que es la más poderosa porque con ésta se puede dañar a alguien o a un gobierno o también se puede producir una incrementación necesaria y beneficiosa de conocimiento). Aunque las capacidades humanas son lo suficientemente contradictorias y limitadas como para que se pueda llegar a una aproximación o acercamiento de lo que son realmente las cosas, o lo que pasa en el mundo debido a la gran peña que cargamos con nuestra posición social y nuestra subjetividad.
La realidad, o la vida, se escriben de una sola vez, no hay vuelta atrás por lo tanto una vez que nos equivocamos no podemos hacer nada para corregirlo pero si podemos volver a ver y analizar los hechos pasados para no volver a cometer los mismos errores e introducir una perspectiva de renovación, de cambio, para aprender, para que no haya un “retorno” de algo indeseable o dañino, y si lo hay que éste no sea “eterno”, que se pueda combatirlo, frenarlo, ya que esto conduce a una alienación intelectual, moral, religiosa y por consiguiente psicológica, produciendo en un ensimismamiento del sujeto en un plano en cual no se cuestiona nada y acepta todo lo que le imponen, sin saber que esto fue meticulosamente premeditado con un fin bastante claro. Es fundamental el replanteamiento, una revisión histórica, la duda, recordar, aceptar los errores, los miedos, para verse, para conocerse y poder crecer, ya que viendo nuestro reflejo, y nuestro reflejo en los otros, podremos ver mejor la cosas, los hechos y a las personas, y a la historia. Este sería el pilar fundamental que tanta falta nos hace para poder evitar nuevas falencias en el infinito proceso de escritura de la historia y el inacabable vacío existencial humano, el juego del demiurgo debe ser ejecutado de manera tal que se obtengan los resultados más próximos a los deseados; se debe revisar los estudios sobre historia, filosofía, literatura, sociología, antropología y los de otras areas para comenzar un nuevo proceso que sea capaz de concientizar y de depurar los intereses netamente subjetivos-particulares-mezquinos y comenzar un proceso que nos incluya a todos cuanto antes. Recordemos y tengamos bien claro esto: La historia da revanchas, el tiempo no.
Por: AstorBoy | General | Comentarios (0) | Referencias (0)