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Miércoles, 01 de febrero de 2006
Hoy fue un día bastante tranquilo, me desperté viendo los colores opacos de las cortinas que me enticipaban un escamoteo del sol. Me di cuenta que no tenía nada que hacer, la vida seguía dando vueltas como si nada más fuese importante. El señor del kiosco me saluda con su tan habituada costumbre de saludarme sin esconder su desagrado al saludarme, la señora de la verdulería me hace un gesto que no logro decodificar con certeza, pero creo que es una especie de saludo y recordatorio de que no debo olvidarme de pasar a pagarle la pequeña deuda que tengo con esta mujer, como si fuera posible olvidar las deudas, y mucho menos las que me tengo, que tenemos y que tanto nos pesan. El sonido de una sirena de una ambulancia perdida en la inmensidad de la nada atraviesa el barrio. Allá a lo lejos escucho un sonido que me parece familiar. Es el teléfono. Me estoy por volver a contestar pero me detengo ya que el sonido del aparato tiene un gustito particular. Otra vez me vuelvo para contestar pero el llamado se detiene. Que yo sepa nadie tiene que llamarme hoy, me parece extraño, no tengo tantos amigos como para que me sorprenda alguno. No importa quién llame no voy a contestar, hoy me revelaré a todas las convenciones sociales, y si, y no, no contestaré el teléfono, no lo contestaré.
Han pasado ya veinte minutos y el ring... ring... me está matando, el maldito aparatito sigue sonando, ya no lo soporto más. No, no voy a traicionarme, no lo voy a contestar, no, no lo voy a hacer, no, no.
Han pasado un par de minutos , no los he contado, ya no soporto este ruido y aunque me traicione voy a alzar el tubo. Contesto y luego el vacío, el silencio, pregunto quién es y nada, la violencia del silencio me sobrepasa provocándome la ira. Me llaman por teléfono pero me cortan al alzar el tubo, es una cosa ilógica lo de la incomunicación, esto de la falta de valor de la gente para decir las cosas que tiene que decir ya me está cansando un poco, y es de preocupar, y eso que cuenta con la ventaja de no dar la cara, puede ser un sujeto cualquiera, pero el silencio lo cubre con un manto de misterio que me resulta inquietante. Otra vez el teléfono, vuelvo a contestar, pero se repite la escena anterior practicamente calcada, pero esta vez ante la respuesta nunca agradable del abismo del silencio me altero y le grito: - ¡Che, a ver si te dejás de joder¡ ¡Pará un poco si tenés algo que decirme por qué no lo decís y la terminamos de una vez para siempre con este juego infantil y macabro! -. Otra vez la inmensidad hueca, el desierto que se despliega eterno en el silencio. Mi cabeza pareciera que está por explotar. Ante este hecho de barbarie social cuelgo el teléfono a modo de respuesta que ya no quiere ser para nada cortés con el sospechoso atacante. Ahora estoy esperando que este imbécil vuelve a llamar para poder citarlo a algún lugar donde pueda verle la cara para saber con qué tipo de delincuente telecomunicativo, con qué tipo de inadaptado social estoy tratando, y si voy a necesitar algo más para sacármelo de encima. Pasan los minutos y ahora tengo la actitud justa para decirle todo lo que tengo que decirle a este misterioso fantasma telefónico que no tiene el valor suficiente para hablar. Pasan los minutos y el desgraciado no llama, me estoy empezando a desesperar, no tranquilo, no debo molestarme por este hecho tan trivial, tranquilo.
Ahora el maldito no llama, y me va a dejar con esta infernal intriga, ¿qué queria el maldito?
Este ruido infernal me está quemando la cabeza, no aguanto más, arranco el cable del teléfono, tiro y tiro y no, el cable parece no tener fin. Listo ya lo arranque del todo ahora no podrá volver a llamar y no podrá seguir intimidándome de esta manera tan hostil y cruel. ¡Ring! ¡Ring!, no lo puedo creer está desconectado y los mismo suena, ¡no! ¡no! ¡no! , esto no es una pelicula clase B de terror estúpido, no me vas ganar te voy a matar maldito aparato. Y como no pudo conmigo lo arrojé por la ventana y terminó estrellándose en el suelo luego de haber caído cuatro pisos. Ahora estoy tranquilo ya no lo escuho más, ahora estoy volviendo a la normalidad, estoy volviendo en mí. Pero me sorprendo a volver a escuchar al maldito aparatito todo despedazado y arruinado, el muy osado lo mismo sigue sonando, pero esta vez es más fuerte que antes, a tal punto que no escucho ni mi propia voz, ni mis pensamientos, no escuho nada, no escucho nada más que el sonido infernal de ese aparato, ¡no!, voy a salir a buscarlo, te voy matar, te voy a seguir a donde estés y te voy a destrozar teléfono bastardo, por dónde te fuiste maldito ¡ahhhh! ... .
-Che, estuve tratando de llamarlo toda la mañana y no me respondió-,
-que raro, me dijo que iba a estar en su casa, es un tipo medio raro pero puede contestar el teléfono como la gente, ¿o no?... -
Por: AstorBoy | Cuentos | Comentarios (0) | Referencias (0)