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Lunes, 12 de diciembre de 2005
Junto a ella, la del rostro mutable, que desaparece evanescente, yo, como cuantos en el Orbe y en el tiempo, percibo, intuyo estremecido lo cómico y lo sublime, el silencio eterno de los espacios infinitos, en el radiante resplandor, en el blanco vacío, de tu esférico frío.
Continuarás tu ronda cuando yo no esté. Es por eso que hoy, aquí ...
Sólo te pido que me des tu abrigo.
Vos, que abrís los portales de la aurora,
acordáte de mí en esta hora:
Soy yo, Luna, soy Claudio, tu amigo.
Por: C. Gomilla | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)