Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Sábado, 07 de junio de 2008
Tintas, tantas tintas tintineando.
Alucinando variados alucinajes,
Amando amaneceres armados,
Creando, criando, croando cristianos
Algunos buenos, algunos malos
Eso sí, todos de tinta inventados.
Augustos tugurios también me gusta degustar.
Entre la sangre de tinta que tintinea al sangrar
Palabreríos apedreando parabrisas de realidad
Para luego por todas esas brisas dejarme bañar.
Tan, pero tan, pero tantas tintas como el calamar
Me claman la calma del alma, nunca se han de conformar
Pues el tintero del titiritero vaciándose va.
Titilando de tanto tin, titilando de tanto tan
La tinta y la sangre se me van a secar.
Por: Jerek | Poesía | Opiniones (1) | Referencias (0)
Sábado, 07 de junio de 2008
“…ni noche ni día dormirá
Debajo de la curva de sus párpados
Ha de vivir como los condenados,”
MACBETH - Shakespeare
Que tus manos se hagan piedras de río
En donde resbalen consuelo y cariño.
Y que tus labios formen abismos
Donde el agua roja de sangre
Te mate amaneceres y trinos.
Que tus pies no encuentren camino
A donde indicarle al destino
Placeres, amantes y amigos
Ni pueda tu piel aguantar
La noche enamorada ni el alba
Huyendo grotesco, sin brazos
Temiendo la certera puñalada
Cuando busques consuelo en el cielo
Que la luna te escupa tu pena
Que tu esperanza se aborte en el nido
Reclamándole a dioses vacíos.
Y cuando la muerte quiera beberte el aliento
Que el suspiro se oculte en tus huesos
Que el descanso aullé espantado
Al haberte conocido: relámpagos y truenos
Que los ojos te renazcan espejos
Siempre mirando hacia dentro:
A un loco solo y perdido
Girando en laberintos callados
Que vomita croares de insectos
Que bebe sangre sin trinos
Que llora piedras
Que cruza abismos.
Por: Jerek | Poesía | Opiniones (0) | Referencias (0)
Jueves, 22 de febrero de 2007
Quien me otorgó esta condena del crepúsculo infinito, con sus oxidados colores de barro, con sus soles vencidos y fatigados.
Que destino ingrato me soñó testigo perpetuo de la vigilia del mundo, de los pájaros cansados y fantasmales nubes púrpuras de sangre.
¡El Amanecido! Gritan por las calles oscuras nocturnos habitantes.
¡El Amanecido! Se ríen las ojeras monstruosas de prostitutas gastadas de tanta piel; los serenos con sus bicicletas me esquivan sin ni siquiera mirarme; ¡El amanecido! Se sorprende algún canillita extraviado con los ojos del sueño truncado.
Y ellos ríen iluminados de febo, y puedo presentir en el reflejo de sus ojos al amarillo astro vestido de lucero.
¿No ven acaso un mundo detrás del espejo?
¿No ven que mis imaginados amaneceres les pertenecen?
Los usa de telón el mundo a mis extasiadas albas, a mis rojizos salientes.
¡El Amanecido! Gritan mis amigos los murciélagos
El amanecido graznan oscuras golondrinas que mutan en cuervos.
Y si acaso un día mi amanecer de sueños se pinta de sexo?
El macho sol penetra a la tierra erizando los pastizales verdes de su piel.
Y si acaso un día el alba soñada se llena de versos?
O si acaso un día la armonía deseada exhala de mi cuerpo?
Con los pinceles del anhelo le invento colores a mis añorados principios, para incendiar auroras, para congelar comienzos.
Y entre las luminarias del hombre, la mutable dama me tiende los brazos
Y en el susurro de la luna los deseo reales.
Y cuando sueño dormido los fabrico de retazos de crepúsculos invertidos.
¡El Amanecido! Se mofan los espejos del agua vestidos de noche.
Pero cuando me consuma la gran noche, se asesina el mundo y mis albas insistentes.
¡El Amanecido! Se lamentarán oscuras figuras sangrando sombras por claridad.
Y en la eterna oscuridad, la luna llorara estrellas.
Por: Jerek | Cuentos | Opiniones (0) | Referencias (0)
Viernes, 16 de febrero de 2007
Entró y dió un portazo, le gritó y le gritó esas cosas que uno no debe decir cuando está fuera de sí, incluso son de esas cosas que uno nunca debe decir aunque esté dentro de sí, como cuando se nos sale la cadena de esas formas famosas y memorables que nos hacen sentir que estamos viviendo en una novela mejicana de las tres de la tarde (horario furor para la audiencia novelera si lo hay). Luego su partener le contrarestó con un par de esos insultos que nunca vienen mal para esos momentos en los que uno se da cuenta que si no contesta es totalmente avasallado en la trifulca verbaoide-sentimental dejándole al rival la completa seguridad de que sus insultos son más efectivos que los proferidos por nuestros agentes: nuestra boca y nuestro indómito odio. (boca e indómito odio)
A medida que el nivel de los insultos adquiría mayor y mayor elevación, el nivel de violencia reprimida se iba haciendo más grande a su vez, como una ecuación conyuge-pugilística en la que el primer golpe y el insulto barato son directamente proporcionales entre sí, son el reverso y el anverso de la misma jodida moneda.
Con el correr de la sangre psicológica a raíz del libre e indiscriminado comercio de palabras-hachas-filosas, la defensa de ambos comenzó a bajar, los duros revéses eran cada vez más salvajes, la sangre verbal estaba regada por todo a su alrededor, a tal punto de que casi se resbalan a causa del hemo-líquido desparramado. Quién podría creer que después de tanto tiempo juntos y después de tantas cosas intensas vividas se podrían estar lacerando a carne viva con tanto ensañamiento y goce. Y sí, la vida es así, tiene sus vueltas, tiene esas cosas que uno nunca puede explicarse (y tampoco quiere) pero a su vez no puede vivir sin esas mismas cosas que uno no necesita explicarse. Sin que se dé cuenta tomó un cuchillo y con el mayor sigilo le intentó asentar un golpe seco con ansías de exactitud pulmonar (mientras intentaba recordar las pocas clases de medicina que había tomado para fundir en un cálculo preciso y feroz su crujiente filo de arma blanca con el hálito fugitivo del motor respiratorio adversario), pero a su afortunado blanco la intuición no le falló y pudo prever el golpe esquivándolo con una tremebunda pirueta circense. Ambos ahora concientes de la intención de uno como del otro, comenzaron a danzar al filo de la muerte, buscándose, esquivándose, encontrándose, mesquinándose, soñandose y saboteándose en acrobáticos vuelos con eficaces perfumes mortuorios, desesperados por sangrar el uno en el otro. Luego de tres horas de una fatigante batalla concubina, se entregaron al noble gesto guerrero de dejarse matar por el codiciado otro, por un advesario insostenible a nuestros ojos pero nítidamente admirado, necesitado. Y así al aprovechar el fatal minuto, el fatal descuido de un abrir los ojos, le acertó un golpe que le extrajo la vida de una sola insición, de una sola unción. Dio unos pasos hacia atrás y se dio cuenta del cometido, retrocedió buscando una salida, buscando otra muerte, la que se le tenía asignada y guardada. Se revolcó en el suelo tratando de encontrar esa puerta que se le debía abrir al morir, intentó ver una luz pero solo vió el rostro de la victoria posando en su enemigo insustituible. Había soñado tantas veces con la puerta a la gloria o de la nada, la que había esperado toda su vida religiosamente, y que, ahora, en el momento cúspide de su agonía, se le estaba vedando, pensó que la irónica y recíproca muerte que le había llegado iba a ser la llave a ese camino insospechado, baladí, y se estrujó en una última mirada al mundo que lo había emfermado y curado, y lo último que sus retinas captaron en el remoto fondo fue ese espejo que nos acecha como asecharon a otros, en una realidad banal y troz, insigne y ficcional. Se tendió en la tierra añorando tener raíces para sentir la furia de la tierra adueñandose de su cuerpo, la vida ahora lo estaba abandonando en un lento suspirar en los labios de la muerte, ahora se entregaba a los susurros de la muerte...
Por: AstorBoy | Cuentos | Opiniones (1) | Referencias (0)
Lunes, 08 de enero de 2007
Esto que os voy a contaros es espeluznante, atrevido, insigne y voraz por lo tanto me parece menester advertirle a mi desocupado lector, a vuestras mercedes soñadores caminantes que es nada más y nada menos que “La Historia Hidalga de la Ingeniosa Mancha de Don Quijote”. Fue contraída en una famosa rentería (utilizada como escenario alguna vez en otro clásico de este genero tan particular en el que me contaron parece ser que un manco famoso según algunos fue uno de los últimos epígonos fructíferos recordados), fue concebida de la manera más etérea para ser contada, de la manera más fiera y valiente: al terminar de avasallar con un tropel de ensalada y una tracalada de salpicón de la más diversa variedad, de la más bárbara y de la más temible que prenda alguna se pueda imaginar. Esta hidalga e ingeniosa mancha era el temor de los telares de la época, y fue tal su efecto que fue recordada por Don Alonso hasta el último de sus días ya que fue tal la fama de su persistencia en alargar su existencia que se dice que le costó muchísimo pero muchísimo trabajo intentar removerla (si, imagínense sólo removerla) de su lugar y sólo se consiguió mermarle su consistencia aunque algunas otras leyendas aseguran que nunca abandonó las prendas quijotescas y que siguió conservando sus fuerzas como su fiel portador siempre con la lanza lista para la noble embestida, como si estuviera en flor después de tanto tiempo, a pesar de la sapiencia de los lavanderos de aquella fermosa época (verdaderos arquitectos de la lavandería tanto ayer y hoy) y que intentaron todas sus estrategias de lavado y pulido de manchas. Pero no pudieron con esta campeona de su particular género, la mancha no quería abandonar a Don Quijote, se había encariñado tanto con él ya que no se podía imaginar en una vida sin él, sin su perfume a idealismo, sin el perfume de las locas y arriesgadas aventuras, esta idea le parecía totalmente imposible. La recordamos y sabemos de ella gracias a que algunos cronistas e historiadores (y algún que otro literato) nos legaron la leyenda insigne en la cual se dice que “en algún lugar de la historia del cual no me quiero acordar vivía una hidalga mancha que atosigó a un ingenioso viejo hidalgo hasta que le secó los sesos de tanto pensar en cómo hacerla famosa, que ningún caballero andante pudo con la hueca fantasía de poder borrarla ...”
Por: AstorBoy | Cuentos | Opiniones (0) | Referencias (0)